Ya decidiste que sí quieres página. Pediste tres cotizaciones y no se parecen en nada: una dice $4,500, otra $18,000 y la tercera $890 al mes. Ninguna de las tres explica lo mismo, y las tres suenan convincentes. El problema de contratar la página web de tu negocio no es el precio — es que la mitad de lo que estás comprando no viene escrito.
Las historias que llegan siempre son las mismas tres. El dominio quedó a nombre del que hizo el sitio y ya no contesta el teléfono. Cambiar el número de WhatsApp en el pie de página cuesta $600 y tarda dos semanas. O el sitio lleva ocho meses "casi listo" porque nunca mandaste las fotos y nadie te dijo que el cuello de botella eras tú.
Nada de eso se arregla pagando más. Se arregla preguntando antes, y con las respuestas por escrito.
¿Qué debo preguntar antes de contratar una página web?
Antes de pagarle a alguien por la página web de tu negocio hay ocho cosas que preguntar y que casi nunca vienen en la cotización: a nombre de quién queda el dominio, quién paga el hosting el año que entra, cuánto cuesta cambiar un precio dentro de seis meses, con qué se va a construir el sitio, qué necesitan de ti y para cuándo, en qué momento vas a ver el diseño, si te están prometiendo aparecer primero en Google, y qué pasa el día que te quieras ir con otro. Las ocho apuntan al mismo lugar: el sitio no termina el día que se publica, empieza. Un presupuesto barato que deja el dominio a nombre de quien te lo hizo y te cobra por cada cambio de texto sale más caro a dos años que uno que se veía más alto en la primera llamada.
Las 8 preguntas, una por una
¿A nombre de quién queda el dominio?
Es la más importante y la que menos se hace. El dominio —tunegocio.com— es tu dirección. Si queda registrado a nombre de la agencia, del freelance o del sobrino, tu dirección es rentada: el día que te quieras cambiar de proveedor, empiezas de cero con otra dirección y pierdes lo poco o mucho que Google ya sabía de ti.
La respuesta correcta es "a nombre de tu negocio, con tu correo como contacto". Y no la tomes de palabra: pide que te enseñen el panel del registrador con tus datos adentro, y que el correo de contacto sea uno al que tú entres.
¿Quién paga el hosting el año que entra, y qué pasa si no se paga?
El hosting es donde viven los archivos de tu sitio, y se paga todos los años. Hay cotizaciones que lo incluyen "el primer año" en letra chiquita y al segundo año te llega un cobro que no esperabas — o peor, no te llega nada y un martes cualquiera tu página aparece en blanco.
Pregunta tres cosas: cuánto cuesta al año, a quién le llega el recibo, y con cuántos días de anticipación te avisan. Si el recibo le llega a alguien que no eres tú, tu sitio depende de que esa persona siga interesada en tu negocio.
¿Cuánto cuesta cambiar un precio dentro de seis meses?
Tus precios van a cambiar. Tu horario en diciembre va a cambiar. Vas a agregar un servicio. Esto no es una posibilidad remota: es la vida normal de un negocio, y es exactamente donde se decide si tu sitio envejece bien o se queda congelado en el día que se publicó.
Hay dos modelos sanos y los dos sirven: o te dejan un panel donde tú le mueves, o los cambios de texto y precio los hace el proveedor sin cobrarte cada vez. Lo que no sirve es el tercero: cotización por cambio. Con ese, en la práctica nunca actualizas nada, porque no vas a pagar $500 por corregir un teléfono.
¿Con qué se va a construir, y qué se rompe solo?
No necesitas entender de tecnología para hacer esta pregunta, sólo escuchar la respuesta. Un sitio armado con muchos complementos encima de una plantilla comprada necesita mantenimiento: cosas que se actualizan, se pelean entre ellas y un día dejan el sitio caído sin que nadie lo haya tocado.
Pregunta quién se hace cargo cuando eso pasa, si está incluido y en cuánto tiempo responden. Si la respuesta es "avísame y lo veo", entiende que estás dependiendo de la agenda de alguien más. En la comparativa de Wix, WordPress y Wasabo desglosamos qué implica cada camino a tres años.
¿Qué necesitan de mí, y para cuándo?
La razón número uno por la que un sitio de negocio pequeño se atora no es técnica: es que faltan los textos, las fotos y la lista de precios. El proveedor espera, tú estás atendiendo tu negocio, y pasan cuatro meses.
Pide la lista completa desde la primera llamada —qué servicios, con qué precios, cuántas fotos, de qué tamaño, qué datos fiscales, qué número de WhatsApp— y una fecha para entregarla. Si no te la dan, pídela tú. Un proveedor que sabe lo que hace ya tiene esa lista impresa.
¿En qué momento veo el diseño?
Hay un orden que te protege: primero ves cómo va a quedar, lo apruebas, y hasta entonces se programa. Al revés —programar primero y enseñarte al final— convierte cualquier ajuste tuyo en "eso ya no se puede" o en un costo extra, porque rehacer código terminado sí cuesta.
Pregunta también cuántas rondas de ajustes incluye y qué cuenta como ajuste. "Ilimitado" suena bonito y casi nunca es cierto; dos rondas bien definidas por escrito valen más.
¿Me estás prometiendo salir primero en Google?
Si la respuesta es que sí, ahí se acabó la conversación. No porque sea difícil: porque no se puede prometer, y quien lo promete o no sabe o sabe y está mintiendo.
Nadie puede garantizar el primer lugar en Google. Desconfía de los SEO que aseguran garantizar posiciones, alegan una "relación especial" con Google o anuncian un "envío prioritario" a Google.
Documentación oficial de Google Search para dueños de sitiosLo que sí se puede prometer, y debes exigir, es otra cosa: que el sitio se pueda indexar, que cada página tenga su título y su descripción puestos, que los datos de tu negocio —dirección, teléfono, horario— estén escritos en la página y no dentro de una imagen. Eso es la base sobre la que después se puede trabajar posicionamiento, que es un trabajo aparte y de largo plazo. Si además te interesa aparecer cuando alguien le pregunta a un asistente en vez de buscar, lo explicamos en por qué ChatGPT y Gemini no recomiendan tu negocio sin página web.
¿Qué pasa el día que me quiera ir con otro?
No es desconfianza, es higiene. Los proveedores cierran, se cambian de giro o simplemente dejan de contestar, y la pregunta hay que hacerla cuando todavía se llevan bien.
Lo que necesitas saber: si te entregan los archivos del sitio, si el dominio se transfiere sin costo, y a quién le pides los accesos. Hay plataformas donde la respuesta honesta es "no te puedes llevar el sitio, sólo el dominio" — y está bien, siempre que lo sepas antes de pagar y no el día que te quieres mover.
Cómo se ve una cotización sana
Después de las ocho preguntas, la diferencia entre dos cotizaciones deja de ser el número de abajo.
La que te va a doler
Un precio y una lista de secciones. El dominio "nosotros te lo manejamos". Los cambios "se cotizan". La entrega es "cuando esté". Y te aseguran que en tres meses sales primero en Google.
La que sirve
Dice el alcance, el precio final y la fecha. El dominio queda a nombre de tu negocio. Dice qué necesitan de ti y para cuándo. Dice qué pasa con los cambios después de publicar. Y no promete posiciones.
Fíjate que ninguna de las dos columnas habla de diseño. El diseño se ve, y lo puedes juzgar tú solo: pídele a quien sea que te enseñe sitios completos que haya hecho, ábrelos en tu celular y bájalos hasta el final. Una miniatura en un portafolio no te dice nada.
¿Y si todavía no te toca contratar a nadie?
Vale la pena decirlo, aunque nos convenga lo contrario: hay negocios para los que una página todavía no es el siguiente peso mejor gastado. Si tu agenda vive llena de referidos, si vendes en un punto fijo con clientela de años, o si lo que te está costando dinero es el desorden interno y no la falta de clientes nuevos, primero arregla eso.
Y antes de pagar cualquier cosa hay dos trámites gratis que rinden rápido: el Perfil de Empresa en Google, que es lo que hace que aparezcas en el mapa, y WhatsApp Business bien configurado, con tu catálogo y tu horario puestos. Si después de eso te siguen preguntando el precio todos los días por mensaje, ahí sí ya tienes el problema que resuelve un sitio — lo desarrollamos en páginas web para pequeños negocios.
¿Cuánto cuesta contratar una página web para un negocio en México?
Depende del camino, y los caminos no se comparan por el número de arranque sino por lo que pagas cada año. Un constructor tipo Wix es renta: mientras pagues, el sitio vive. WordPress armado por ti sale del orden de $1,500 a $3,500 al año entre hosting y dominio —según las guías de precios publicadas en México en 2026— y el resto lo pagas en tu tiempo. Un sitio hecho a la medida es un pago fuerte de entrada que no se repite.
En Wasabo el precio es público: desde $12,900 MXN, IVA incluido, en un solo pago. Casi siempre queda en ese número; sube si el negocio necesita más secciones o si hay que dibujar ilustraciones propias. El dominio y el hosting se cotizan aparte porque dependen de lo que ya tengas. El número exacto sale de una llamada de 30 minutos, y sale por escrito antes de que decidas nada.
Tu checklist antes de firmar
Ocho preguntas, quince minutos de llamada. Es lo único que separa una página que te trae clientes de una que dentro de un año tiene el precio viejo, el teléfono anterior y a nadie que le mueva.